CASTELLANO


UN INVIERNO FRÍO


PRIMER CAPITULO

Hace mucho tiempo en un pueblo del neolítico vivía un niño de unos trece años llamado Chaca. Chaca se veía como un chico normal, al que le encantaba hacer pinturas rupestres.
Tenía unos trece años y para su edad se no se veía ni muy grande ni muy pequeño. Él era alto, moreno, amable y bastante sociable con los otros niños de su edad. Los padres de Chaca eran agricultores y se pasaban el día fuera de casa para y así poder comer en el pueblo.
Nin era el padre de Chaca y le encantaba irse con su hijo a cazar, siempre le decía que era una manera de hacerse hombre.
La madre de Chaca se llamaba Vinna, era morena, igual que Chaca. Tenía el pelo corto, rizado y aparentaba unos cuarenta años.
Chaca nunca llegó a conocer a sus abuelos, pero le hubiera encantado. Su madre siempre le explicaba cuentos que el abuelo de Chaca le había enseñado. A Chaca le encantaba oír esos cuentos tan bonitos, y siempre le hubiera hecho mucha ilusión conocer a su abuelo para poder oír más relatos fantásticos de su boca.
Una cosa que a Chaca no le gustaba nada era ser hijo único y eso le hacía enfadar, él quería tener a alguien con quien poder jugar, por eso se pasaba el día en las cuevas de alrededor del pueblo, ya que era lo más lejos que le dejaban ir sus padres. Él podía pensar, relajarse y disfrutar mientras pintaba todo aquello que le sucedía durante todo el día.
Chaca vivía en el principio del neolítico, dónde después, unos años más tarde todo cambiaría, es decir la revolución neolítica. Pero eso no pasaba en un día, ni en dos, sino en millones de años que el humano ha ido perfeccionando su vida. En ese periodo empezaron a trabajar con la agricultura: los frutos eran más pequeños, las espigas tenían menos granos y los hombres escogían las mejores que luego las plantaban y les servía para escoger las mejores. Eso a Chaca le gustaba ya que fue su vecino Manbui que le enseñó todo sobre los frutos, las semillas, las hortalizas, etc.
Chaca aprendió que los primeros cereales que más se utilizaban era el maíz y la cebada, en el 9000 a.C (antes de Cristo) justo un tiempo antes de que Vinna y Nin tuvieran a Chaca, y fueran perfeccionando la forma de usar los cereales para comer. Los humanos descubrieron que de algunos cereales si los prensabas podría conseguir más alimento, cómo del maíz así la harina, que empezaron a usar.
En el neolítico también empezaron a trabajar con los animales, es decir la ganadería los animales se empezaron a domesticar después de domesticar a las especies vegetales, justo después de empezar con la agricultura. Que en este tema Chaca ya no disfrutaba escuchando ni mirando a los pastores con los animales, él creía que eran bestias que nunca podría entender.
A los animales los empezaron a domesticarlos con un proceso parecido al de las plantas, seguramente experimentaron con crías que habían cazado y poderlos retener para cuando la caza fuera más escasa. Con el paso del tiempo fueron domesticando a animales de ganadería cómo ovejas, con las que también con el paso del tiempo descubrieron que cortándoles el pelo podrían conseguir lana y poder vestirse y hacerse ropa en condiciones. Cosa que la madre de Manbui hacía, ya que era su trabajo. Los humanos también trabajaban con cabras, cerdos, toros y perros.
Por último también trabajaban con la cerámica de la que hacían figuras bonitas decoradas con conchas y con objetos para decorar. La madre de Chaca siempre le contaba que su abuela hacía unas figuras y unos jarrones preciosos.
Pasaron de ser nómadas a ser sedentarios. Aún ser sedentarios Chaca y Nin aún cazaban.
Los padres de Chaca al ser agricultores, Chaca se sabía todo lo que se podría aprender es decir sabía que las herramientas con las que trabajaban se pulían no como antes que sólo las tallaban y que la azada que les servía para trabajar y cultivar la tierra. Y también conocía bastante la hoz para poder segar o incluso también el molino para aplastar el grano de maíz y que se fabricara la harina. Estas herramientas le eran muy útiles al hombre a la hora de trabajar la agricultura y la ganadería.
En el pueblo dónde vivía Chaca se estaba muy bien. Su pueblo estaba rodeado por una muralla que construyeron los hombres del pueblo pera protegerse de los posibles peligros. Sus casas ya eran más complejas comparadas a las de sus antepasados, las casas tienen más de una habitación, pueden llegar a tener más de una planta y empiezan a distribuir las diferentes partes de la casa para cada tarea (cocina, habitación...). Las casas por fuera estaban hechas de una mezcla de barro y otros materiales como la paja. Su techo podía estar hecho de madera igual que las puertas y ventanas.
En el neolítico ya empezaban a usar “casas” para los animales, que ahora les llamamos establos, o incluso edificios dónde se hacían reuniones de todo el pueblo.
En el pueblo de Chaca nadie se llevaba mal y la gente se ayudaba. No tenían ni rey ni nadie que les dijera que tenían que hacer o que no podían hacer, eso le gustaba, le parecía una buena forma de organizarse. Pero aunque sabían que nadie les mandaría, cada uno tenía su propia tarea u oficio. Había gente que talaba bosques, otros que preparaban los campos para cultivar, otros los cultivaban, otros se encargaban de regarlos y vigilar que otros animales no se lo comieran, otros segaban, otros se dedicaban a la cerámica, otros a la recolección de frutas, otros tejían vestidos, otros se encargaban de hacer las casas, otros vigilaban el pueblo, otros se encargaban del ganado, otros de los molinos(aplastar el maíz para la harina) y muchos otros oficios que la gente hacía sin que nadie les dijera nada.
En aquel pueblo la hierba era abundante y muy verde. El pueblo de Chaca no era grande, estaba situado en el norte, para ser exactos encima de una montaña a la que ellos llamaban San Lorenzo.
Siempre tenían que llevar abrigo hecho con el telar que era la maquina que usaban para poder coser con facilidad y también con las primeras lanas que empezaron a salir de las ovejas, aunque no toda la lana que cogían de las ovejas era para ropa sino que también lo utilizaban para poder hacer redes para pescar, cestas para recolectar, etc. Otra manera que tenían para abrigarse era como lo habían hecho hasta ahora cazando animales y quitándoles la piel. A veces encendían fuego para poder estar más calientes pero sabían que eso no les servía porque en cuanto el viento soplara se apagaría el fuego, así que era poco eficiente encender una hoguera.
En invierno casi no podían salir de casa, por algún temporal malo. En aquel pequeño pero precioso paraíso (así es como lo describía Chaca) también abundaban mucho los animales salvajes, pero siempre había fuego encendido para que los depredadores no pudieran pasar y arrasarlo todo.
Chaca siempre pensaba que si se encontraba con un animal salvaje no lo mataría, al contrario saldría el corriendo del miedo que tendría. En cambio su padre no opinaba lo mismo, le decía que tenía que ser valiente y luchar para poder ser hombre, cuándo Chaca escuchaba esa frase desconectaba y no prestaba atención a las palabras de su padre. Encontraba que era una tontería todo aquello que le decía, porque si uno se cree hombre, es un hombre.
Ya metidos en este tema, en el pueblo de Chaca ya empezaban a haber entierros pero aún sin saber muy bien cómo hacerlos. Cuándo alguien moría lo enterraban con sus pertenencias cómo su ropa o incluso también lo enterraban con objetos de cerámica, arcilla o con armas de sílex.
Cada vez las tumbas eran más complejas y adquirían más importancia.
Cómo sabéis a Chaca le encantaba pintar, él decía que era un arte, pero en el neolítico también habían más cosas conocidas con el nombre de arte. Con madera y cuchillos cortaban la madera y hacían forma hasta dejarla perfectamente pulida. También empezaron a surgir las joyas u otros materiales muy preciados como la variecita que era un mineral muy preciado. Había piedras bonitas con las que incluso cambiaban de pueblo en pueblo. Así surgió el comercio. La gente de un pueblo que podría tener demasiado de alguna cosa importante cómo maíz lo intercambiaba por otras cosas que no tenían tanto.
Chaca se está dando cuenta que desde hace unas semanas en su pueblo la comida está disminuyendo y con ello bastantes animales mueren. Tienen la hipótesis de que pueda ser una temporada mala, pero no están del todo seguros ya que también podría ser por el frío que empieza a hacer, el sol ya no se deja ver hasta tarde, ellos saben que es porque el invierno se acerca. Pero lo que ellos no saben es que puede que tengan muchos problemas por culpa de esta “temporada mala”.


SEGUNDO CAPITULO

Un día normal Chaca se despertó en su pequeña pero acogedora habitación. Cuándo salió de su pequeña casa se dio cuenta de que le faltaba ropa, que hacía mucho frío. Sus padres ya habían ido a trabajar como cada día. Si faltaban un día al campo para trabajar es que algo pasaba para que ellos no tuvieran trabajo. En ese momento bajó las escaleras de la planta de arriba de la casa y los vio. Estaban sus padres. Chaca dijo: -Papá, ¿qué hacéis aquí? ¿Cómo es que no estáis en el campo? -Chaca lo dijo nervioso y asustado por si había pasado algo terrible que a él le pudiera influir.
-Chaca, hijo, no te pongas nervioso, no hace falta que te preocupes, sólo que estaba cayendo unas cuatro gotas, pero después han empezado a caer más y hemos tenido que volver a casa. Ahora parece que afloja un poco la tormenta, pero no sé si hoy podremos salir a trabajar.
-¡Me habíais asustado! Si ya esta aflojando me voy a dar una vuelta para tranquilizarme un poco, que estoy muy nervioso. -Dijo Chaca intentando sonreír para que sus padres no se preocuparan por él. Cogió sus famosas piedras que pintaban y salió en busca de una nueva cueva dónde plasmar su precioso arte. Cogió también un abrigo de piel que con el telar de su vecina.
El abrigo estaba hecho de piel de un mamut que los hombres del pueblo habían cazado.
Tenía claro lo que quería pintar hoy. Una gran masa de agua cayendo y él en la lluvia mojado.
Por fin después de un buen rato caminando dio con la cueva apropiada. A una buena altitud de la montaña de San Lorenzo, ni muy lejos ni muy cerca del pueblo dónde vivía porque sabría que sus padres le regañarían si supieran que se había ido muy lejos.
Se paró dentro de la cueva y se sentó antes de empezar para recuperar el aliento, ya que llevaba bastante tiempo andando. Una vez sus pulsaciones iban a un ritmo adecuado sacó un palo y encendió una hoguera.Si, os preguntaréis cómo sabía hacerlo ya que para ser un niño era bastante avanzado en esos aspectos. Pues resulta que hace tiempo salía con su padre de caza y se quedaban una noche fuera para aprender a cazar de noche y ya de paso su padre le enseñó a hacer hogueras.
Cuando ya tenía la hoguera encendida y se había calentado ya que hacía mucho frío porque llovía sacó las pinturas de su bolsa.
Sacó una piedra negra, otra roja y cuando las tenía las dos en la mano sonrió y se puso manos a la obra.
Eso le encantaba, esa sensación que le causaba cuando estaba allí, podía ser libre y hacer lo que quisiera, se sentía feliz, no tenía preocupaciones, sólo le importaba pintar y se concentraba el máximo en eso.

Se pasó allí unas cuatro horas y cuando acabó se dio cuenta de que hacía mucho más frío. Sacó la cabeza de la cueva y vio que lo que caía del cielo ya no era lluvia sino una nieve espesa que caía sin fin. Decidió quedarse allí hasta que la lluvia convertida en nieve parase de caer con fuerza.
Dos horas más tarde aún caía agua, pero menos. Cogió del suelo el abrigo que le había hecho su vecina. Se lo pasó por encima y corrió montaña abajo hasta llegar al poblado.
Sólo llegar a casa su madre se sorprendió al verlo empapado y además rojo de tanto correr.
Como no pudieron salir de casa porque la nieve no les permitía salir, Chaca, su madre y su padre pasaron una tarde estupenda en casa hablando de lo que había pintado aquel día Chaca, que sus padres no pudieron salir por el temporal y muchas más cosas que para ellos es su día a día.
-Parece que ya no nieva tanto. -Dijo el padre de Chaca. Por una parte estaba contento de poder volver al trabajo y sacar adelante al pueblo con los cultivos, pero por otra parte sabía que esa tarde era indescriptible y que pocas veces sucedería eso para que los tres pudieran pasar una tarde en familia.
-¿Quizás deberíais volver al trabajo, no mamá? -Contestó Chaca mirando hacia el suelo porque estaba triste de que ya sus padres no volverían a estar más allí.
-Sí, mejor salimos ya, Chaca, ¿te apetece venir un rato? Y así te distraes de todo el día encerrado, ¿qué te parece?
-Sí, claro por qué no, será divertido. -Salieron de casa y aunque había parado de nevar hacía mucho frío y no sabían cuando acabaría ese infierno helado.
Al llegar al campo de cultivo, se separaron y Chaca se quedó dando una vuelta. Oyó decir a alguien del pueblo que era imposible recuperar la comida del cultivo y que esa temporada la pasarían mal por culpa del mal tiempo. Fue a decírselo a sus padres y ellos le dieron la razón. Pero Chaca tenía claro que no dejaría que se quedaran sin comer por culpa del mal tiempo y que preguntaría a sus padres si podría salir una noche para poder averiguar algo que les sirviera de ayuda en este tiempo de falta de comida.
-Mamá, papá ¿puedo preguntaros algo?
-Claro hijo, ¿dime? -Dijo la madre de Chaca intrigada por la pregunta de su único hijo.
-¿Puedo salir esta noche para poder ayudar al pueblo? Es decir, que quiero que me dejéis dormir fuera para poder encontrar alguna manera de que no pasemos hambre, incluso podría pasarme la noche cazando (aunque a él no le gustaba para nada cazar).
-¿Pero te has vuelto loco hijo mío?-Dijo el padre de Chaca un poco nervioso por la idea tan infantil que acababa de tener su hijo.
-No papá, lo único que quiero es ayudar.
-Pues no vuelvas a preguntar eso, no sabes los peligros que hay por ahí fuera, todo lo que te podría pasar y a demás es una tontería cazar tú solo para todo el pueblo.
-No hay derecho, ¡¡por una vez que quiero hacer algo por mi cuenta y no me dejáis!!
-Ve a tu cama y piensa lo que acabas de decirnos, a lo mejor se te pasa por la cabeza que a tus padres no se les grita. -Y así salió Chaca de la habitación principal de la casa y se fue a la suya, dónde él dormía. No era ni grande ni pequeña, tan sólo tenía una cama hecha con paja y cubierta por una sabana fina de color blanco, que cómo no, se la había tejido su vecina con su famoso telar.
-No pienso quedarme de brazos cruzados mientras que todos nos morimos de hambre. Saldré temprano, en cuanto el sol se vea por el horizonte me escaparé y volveré con una solución.
-Chaca pensó que su idea era buena y se preparó una pequeña bolsa donde llevaba una lanza pequeña hecha con metal que se intercambió una vez que vinieron unos hombres de fuera del pueblo, y ese día Chaca cambió su cabra por esa lanza.
Y así sin pensarlo dos veces sin darle más vueltas a la cabeza Chaca se durmió. Pensando que mañana sería un gran día.


TERCER CAPITULO

El sol se asomaba por la pequeña ventana de la habitación de Chaca. Se levantó sin hacer ruido cogió la bolsa y el abrigo y salió de casa sin hacer ruido. Corrió hacia las afueras del pueblo sin parar, sólo pensando que si ahora le pillaban estaría metido en un buen lío. Una vez fuera se dirigió hacia...No sabía hacia dónde dirigirse así, que por su instinto cogió un camino por el lado derecho. Ya que por ese lado se veía unos árboles altos y bien bonitos, el camino que se había formado era todo de hierba verde y húmeda. Al final de todo se veían las montañas y el sol brillaba aún no muy alto, ya que era muy temprano.
Caminó durante dos horas y entonces escuchó un ruido que venía de dentro de él. Eran sus tripas, tenía hambre, desde hacía dos días que no comía nada que no fuera cereales que quedaban en casa. Entonces lo vio. Era un pequeño ciervo, que seguro que se había perdido y no sabía donde ir.
Chaca haciendo el menor ruido posible se dirigió a su bolsa, sacó la pequeña lanza, apuntó bien y se la tiró. No estaba muy feliz de su victoria ya que como sabéis a él no le gustaba nada cazar y menos ciervos pequeños. Eran animales majestuosos y fieles pensaba Chaca.
Encendió un fuego pequeño que no llamara demasiado la atención y asó el ciervo en el fuego.
Una vez había comido un poco de la carne de ciervo, guardó la otra parte del animal en su bolsa y anduvo hacía las montañas sin ninguna respuesta para el problema de su poblado..Llegó la noche.
Un viento frío recorría el cuerpo del pequeño Chaca, tenía miedo y se sentía solo. Por un momento pensaba que había hecho mal. Que su padre tenía razón y que se había equivocado y que tendría que volver lo antes posible. Pero por otra parte sabía que debía buscar una solución a ese misterioso frío que pasaba en el pueblo de Chaca.
Mientras Chaca pensaba eso muerto de frío escuchó un ruido extraño, cogió una rama y con el fuego que le quedaba encendió la rama, alumbró a su alrededor y todo seguía igual, no había ningún cambio. Se giró y se asustó por otro ruido que volvió a sentir, cogió su bolsa y sacó la lanza.
Chaca estaba muy asustado y mantenía los ojos como platos y respiraba tan fuerte que seguro que quien hubiera detrás de los matorrales podían escuchar el miedo que sentía en ese momento Chaca.
·Mientras en casa de Chaca·
-¡¡Chaca, baja de tu habitación que tenemos que hablar!!
Chaca, contesta. Chaca, Chaca, no te lo repetiré más veces baja ahora mismo.
-Vinna, Chaca no contesta. ¿Puedes ir a hablar con él?
-Sí, de acuerdo pero que le pasa?
-No lo sé, le estoy llamando y no contesta.
-Ahora bajo con él.-La madre de Chaca subió las escaleras de su casa y fue a buscar a su hijo, un poco preocupada porque no contestaba.
-Chaca hijo...
Su madre se quedó en blanco no sabía porque su hijo no estaba en casa, ¿¿dónde podría estar a estas horas de la noche??
Su padre y Vinna, la madre de Chaca, se pasaron toda la noche buscándolo sin éxito. Volvieron a casa decepcionados por no poder ver a su hijo.
·Chaca, en el bosque·
-¿Quien hay ahí detrás? ¡Qué salga! -Nadie contestó, a Chaca esa situación ya no le gustaba tanto y decidió ir allí para ver que sucedía.
Un tigre grande y feroz le saltó encima. No le dio tiempo a reaccionar, que ya tenía al tigre encima y sentía que le estaba clavando sus zarpas en su pecho. Él chico chilló muy fuerte y en dos segundos una lanza apareció de la nada, y alguien había clavado una lanza al animal salvaje. El animal cayó al suelo y Chaca aún asustado salió rápido de encima suyo.
Alguien lo paró, era un grupo de hombres que nunca había visto y por la forma de vestir sabía que no eran de su pueblo. Un hombre le dijo:
-¿Quien eres chico?
-Soy Chaca y estoy aquí para descubrir porque hace tan mal tiempo y si es posible para acabar con esta mala racha.
-Ven con nosotros, no vivimos tan lejos de por aquí.
-Pero no sé quien sois.
-Somos de un pueblo que vive de la caza, no tenemos tierras para cultivar y nuestra ropa la hacemos con las pieles de los animales que cazamos.
-A pues os puedo enseñar varias cosas, en mi pueblo ya hemos aprendido cosas que vosotros no sabéis y seguro que vosotros tenéis más información de lo que está pasando, me refiero al mal tiempo y que nos está dejando sin comida a todos.
-Me parece bien. Eh... tú coge al tigre y volvemos a casa. -Se fueron hacia un pueblo desconocido para Chaca y todo allí era como volver al pasado. En su pueblo eran más avanzados. Allí las casas eran más pequeñas, nada comparado con las suyas. Vestian con ropas poco trabajadas y sucias.
Tres días después Chaca ya sabía el problema del mal tiempo y quiso volver a su pueblo para avisar a todo el mundo de esto que sucedería si no le ponían remedio.
-Voy a volver a mi pueblo y aunque a todos les parece bien vendremos esta misma tarde.
-Como tú quieras Chaca ya sabes que aquí estamos preparados para todo esto.
-Gracias, volveré con todo el pueblo, me habéis ayudado mucho!
-Gracias a ti, por habernos ayudado a cambiar un poco y saber más sobre el mundo.
-¡Adiós, hasta pronto!
-¡¡Adiós Chaca!!
Chaca corrió con todas sus fuerzas hacia el pueblo. Cuando llegó, todo estaba triste, como si su falta de asistencia esos cuatro días hubiera sido lo peor que le habrá pasado al pueblo. Llegó a la puerta de su casa, se escuchaban ruidos en el pequeño descampado que había detrás de casa de Chaca. Fue a ver que pasaba y se encontró a sus padres llorando y un dolmen en medio del descampado
-¡Mamá, mamá, he vuelto!
-¿¿Chaca eres tú??
-¡SÍ, ábreme!
-¡¡Ya voy!!
Chaca y sus padres se abrazaron, estaba allí todo el pueblo esperando ya que daban a Chaca por muerto, pero cuando llegó todo el mundo aplaudió. Chaca se subió encima de una roca que había por allí y les contó todo.
-Y, ¿como sabemos que eso es cierto?
-Porque os lo estoy diciendo yo, que llevo cuatro días con una gente extraña que me han enseñado muchas cosas y ahora nos toca a nosotros. Coger todo lo que necesitéis y nos ponemos en marcha ya que una tormenta de nieve se avecina.
-Ahora mismo, Chaca, ¡eres nuestra salvación!
Todo el mundo corrió a sus casas y avisó de que se iban por la tarde. Y así fue. Todos se fueron y se salvaron. Luego los dos pueblos se unieron y formaron uno solo, la gente estaba contenta y los dos pueblos formaron uno grande que aún tenían muchas cosas que aprender unos de los otros. Chaca vivió feliz y nadie murió. Los hombres siguieron adelante hasta llegar al día de hoy.









                              FIN







CUENTO DEL DINOSAURIO

Había una vez un chico de 14 años al que le encantaban los dinosaurios.
Su padre vivía en una cabaña en el bosque y él iba un mes allí de vacaciones. Cuándo llegó a la cabaña de su padre dejó las cosas encima de la cama y los dos se marcharon a dar una vuelta por el bosque. Al darse cuenta su padre de que se había dejado la linterna y la brújula en casa se puso histérico. Después de un buen rato se calmaron y buscaron una cueva donde pasar la noche. Pero cuándo estaban a punto de dormirse escucharon un ruido, salieron de la cueva y...¡No podía ser! Era una cría de dinosaurio, tenía el cuello largo, escamas verdes y manchas amarillas por todo el cuerpo. El chico se puso muy contento al saber que aún existían dinosaurios en el mundo, pero luego pensó que si alguien se enteraba de que el dinosaurio existía, lo encerrarían para siempre. El padre decidió hacerse cargo del pequeño dinosaurio. Se lo llevaron a casa. Cuando amaneció el dinosaurio aún estaba durmiendo allí. Después de pensar un rato decidieron que lo mejor para el dinosaurio sería dejarle libre porque cuándo el dinosaurio creciera no le podrían cuidar más. El dinosaurio feliz se fue hacía la montaña para que nadie le volviera a descubrir.


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